jueves, 2 de marzo de 2017

Al revés (V)

Malvenido septiembre. Con tu respectiva nostalgia, las ganas de volver a dorarse la piel bajo el sol de julio como hacíamos hace apenas unos meses. Ganas de volver que no pueden ser, que apunto de conseguirlo, solo pueden resquebrajarse, y finalmente, romperse. Como lo nuestro. Como yo cuando te dejé ir.
La paz cesó. La estabilidad, de su mano, también.
Las lágrimas resbaladizas hoy suben de nuevo por las mejillas, y se disponen en estas dos pupilas casi negras. Los gritos dedicados se quedan aturdidos y perdidos en el aire. Los reproches se han enamorado de la indiferencia. Las peleas ya no tienen sentido, y poco a poco dejan de existir.
Las cosquillas se evaporan, y el cosquilleo en el estómago con nombre propio se va volando, junto a mi ilusión, y mis ganas de verte. Las caricias regaladas en nuestro portal se vuelven cenizas escondidas en la piel, que ya no queman, pero sí hacen daño.
Los abrazos de vital necesidad se deshacen, uno a uno, los brazos quedan bien pegados al tronco, ya no tienen intención de moverse. El viaje a París lleno de planes es solo una mentira, un destello de dos segundos. Las notas musicales del violín chirrían en mi oído.
Las mordidas se han agotado. Las sábanas ya no son un refugio, son una lija en la piel. El calor interior quema debido a su inmensa frialdad. Los suspiros y las risas se quedan atrapados en la boca, dicen que no quieren salir.
Los labios que dan el primer beso se separan, los pies retroceden, las caras se vuelven, los pies caminan y las siluetas se difuminan.

El desconocimiento llega, la identidad no está clara, y el gesto de sonreír es olvidado. Adiós al incendio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario