Sonido de lluvia. Bonito solo, y más acompañado (del cantar de los pájaros, o de alguien). El punto de tu vida en el que sientes que verdaderamente tienes fortuna, que personas, valen más que el mayor tesoro del mundo, la fortuna son ellas. Son los momentos en que te dicen exactamente lo que quieres oír, cuando te hacen pulsar el off del mundo, y quizá ir a uno nuevo, uno creado en segundos. Son las manos que se entrecruzan, que se buscan y se encuentran. Que se rozan como si de seda se tratase. Son los ojos que en mitad de la gente marcan el punto de búsqueda fijo en otro par que les permita sentir la vida en sus pupilas. Son los pensamientos de “Joder, ¿esto es real?”, las ganas de llegar, de ir, para volver, de echar de menos para nunca echar de más. Las ganas. Es la vida recompensándote por todo lo malo pasado y que ha de pasar, son los instantes que hacen que todo valga un poco más la pena. Es la plenitud azotándote, impulsándote, animándote a volar. Es la adrenalina del vuelo donde vas a dos mil pulsaciones por minuto, pero qué importa, y el corazón parece que en cualquier momento se va a salir por la boca. Es la inspiración. La que me hace escribir esto, la que hace de lo común especial. Lo especial de la vida, (su) esencia.
sábado, 9 de abril de 2016
II
Sonido de lluvia. Bonito solo, y más acompañado (del cantar de los pájaros, o de alguien). El punto de tu vida en el que sientes que verdaderamente tienes fortuna, que personas, valen más que el mayor tesoro del mundo, la fortuna son ellas. Son los momentos en que te dicen exactamente lo que quieres oír, cuando te hacen pulsar el off del mundo, y quizá ir a uno nuevo, uno creado en segundos. Son las manos que se entrecruzan, que se buscan y se encuentran. Que se rozan como si de seda se tratase. Son los ojos que en mitad de la gente marcan el punto de búsqueda fijo en otro par que les permita sentir la vida en sus pupilas. Son los pensamientos de “Joder, ¿esto es real?”, las ganas de llegar, de ir, para volver, de echar de menos para nunca echar de más. Las ganas. Es la vida recompensándote por todo lo malo pasado y que ha de pasar, son los instantes que hacen que todo valga un poco más la pena. Es la plenitud azotándote, impulsándote, animándote a volar. Es la adrenalina del vuelo donde vas a dos mil pulsaciones por minuto, pero qué importa, y el corazón parece que en cualquier momento se va a salir por la boca. Es la inspiración. La que me hace escribir esto, la que hace de lo común especial. Lo especial de la vida, (su) esencia.
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