Quiero devorar cada pedazo de ti, para tenerte más dentro de mí y conmigo, si cabe. Porque realmente no sé si esto será posible. Quizá una utopía.
Ya vas dentro, ya vas en lo más profundo de mi alma, de mi ser. Intangible.
Como el rayo de sol que, quieras o no, en contacto con tu piel, produce un cambio, a veces irreversible.
Como los ojos, que desde el primer día que ves, sabes que quieren decirte algo, pero no sabes exactamente el qué.
Hablemos de (tus) ojos.
Ojos que consiguen hacer florecer a las mariposas que viven dentro de ti.
Ojos que inyectan energía, que dan vida.
Ojos que además de ver, miran.
Ojos que roban suspiros, pero nunca sueños.
Ojos que provocan escalofríos.
Ojos que rompen escudos y miedos.
Ojos que tocan por dentro.
Ojos que consiguen parar y hacer que el tiempo vuele a la vez.
Ojos que dilatan sus pupilas, porque están ante otros que hacen sentir exactamente lo mismo. Hablemos de (mis) ojos.
O mejor otro día.
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