miércoles, 17 de febrero de 2016

I

Existen personas que te llegan, y llenan, el corazón. Personas que desde el momento cero sabes que van fuerte, contigo y por ti, que no pasarán desapercibidas en tu vida. Personas que te llegan a las venas, porque se adhieren, y al final pasan dentro, y se quedan, nadando en ellas, llenándote de fuerza desde el interior de ti, de ganas de vivir y de respirar fuerte. Esas personas hacen que, cuando te dañes y hagas una herida, se vaya cerrando la misma, no la dejan abrir y derramar, se posan encima y se quedan ahí, esperando que se cierre y cicatrice, sin dejar dolor ni marca de por vida.
Son las personas salvavidas. Las que tienen abrazos como refugios, manos como manantiales, miradas como islas.
Es la sensación de que tus problemas de mierda, que solo son eso, problemas de mierda, sin ninguna importancia, algo ínfimo, tomen la que realmente merecen, y solo te dedicas a lo que te hace feliz, ya sean pequeños detalles, o muy grandes. Todo tiene la importancia que le des, y en ocasiones, deberíamos darle más a lo realmente importante. Y es algo claro que la vida es una montaña rusa, una locura en la que tan rápido como rozas el cielo estás comiendo suelo, pero también se trata de eso, de disfrutar de la subida, con sus baches, puede que retrocesos, pero también de la bajada, la suelta de adrenalina y sensación de euforia. En eso estamos. Y siempre tendremos a nuestras personas salvavidas, mira más de cerca, ahí tienes a la tuya.

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